Siria:
la guerra que comenzó con un grafiti
Tras cinco años de combates
y bombardeos, Siria está en ruinas. Sufre el conflicto más cruento de los
que estallaron con las revueltas y revoluciones incluidas en el concepto de “primaveras árabes”. "Si el
conflicto no termina pronto, éste podría ser el fin de Siria tal como la
conocemos", sentenció António Gutiérrez cuando acababa su mandato como
Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a finales del 2015.
FASE 1: LAS PROTESTAS
Tras Túnez, Egipto y el inicio de la rebelión en Libia, en
marzo del 2011 estallaron las protestas contra el presidente sirio, Bashar el
Asad, cabeza del régimen del partido Baaz, en la ciudad de Deraa (sur). Se iniciaron tras
el arresto y tortura de unos adolescentes que pintaron en la pared de su
escuela: “Es tu turno, Doctor”,
en referencia a Asad, que es oftalmólogo.
Las
fuerzas de seguridad sirias mataron a manifestantes en las primeras
protestas y éstas
se extendieron por todo el país. En verano
del 2011, cientos de miles de sirios pedían en las calles la
dimisión de Asad, reformas políticas y el fin de la brutalidad policial.
"Al
principio del conflicto, muchos creyeron dentro y fuera de Siria que Asad
duraría pocos meses. Vieron el efecto
dominó que se
estaba produciendo, con caídas de líderes fuertes en países árabes",
apunta Yaron Friedman, profesor de la Universidad de Haifa y experto en
Siria.
FASE 2: COMIENZA LA GUERRA CIVIL
Se
formaron grupos opositores armados y empezaron las deserciones de militares
sirios que se unían a los rebeldes, aglutinados en el Ejército Sirio Libre (ESL). El
país se sumió en la guerra, los
bombardeos de las fuerzas sirias se multiplicaron y en el 2012, los combates
llegaron a Damasco, la capital, y a la segunda ciudad del país, Alepo.
"Hasta
el 2012, la mayoría pensaba que el final
del régimen estaba
cerca, pero entonces Asad consiguió ayuda de sus aliados. Primero de Irán y de
(el movimiento chií libanés) Hizbulá, que
mandó a su milicia a luchar con Asad y le aportó avances que lo salvaron y
le dieron mucha motivación", indica Friedman.
"Irán
movilizó a las milicias (chiís) de Paquistán, Afganistán, Irak y a
la Guardia Revolucionaria iraní, que entrenó y apoyó a las fuerzas del
régimen y lo salvó casi de hundirse en ese momento", opina Friedman.
Los
rebeldes fueron creciendo y obteniendo armas, una parte de ellas “financiadas
por Arabia
Saudí y Catar” y
destinadas especialmente a los grupos islamistas. Así lo explicaron a este
diario, en junio del 2012, en la ciudad libanesa de Trípoli, combatientes de
las Brigadas
Faruk, integradas mayoritariamente por hombres de Homs y
desertores y que formaban parte del ESL. Muchos de estos combatientes eran de
Baba Amro, un barrio de Homs masacrado por el Ejército sirio.
Uno de
los comandantes de la brigada hablaba de “hacer
la revolución del Islam” y de
tener “un país islámico”, pero “sin Al Qaeda ni extremismos, somos islamistas
moderados”. Mientras hablaba, sus dos esposas, cubiertas con niqab -velo que
solo muestra los ojos- y con guantes, preparaban la comida para una decena de
hombres.
FASE 3: LOS YIHADISTAS ENTRAN EN ESCENA
Los yihadistas aumentaron
y las fuerzas seculares del ESL perdieron terreno. Aparecieron grupos como el
yihadista Frente
al Nusra, filial de Al
Qaeda en Siria, y el Estado Islámico (EI), que
lanzó una fuerte ofensiva en Irak en junio del 2014, y
luego en la zona de Siria cercana a la frontera iraquí. El EI proclamó un califato en el área que controla en Irak y Siria cuya
capital de facto es la ciudad siria de Raqqa.
Integrado
por miles de extranjeros, el EI
lucha contra todos los bandos: las fuerzas gubernamentales, los rebeldes, el
Frente al Nusra -con el que se ha aliado en algunas ocasiones- y las fuerzas
kurdas, también opuestas a Asad y contra las que arremete Turquía.
FASE 4: LA COALICIÓN INTERNACIONAL Y RUSIA
COMIENZAN A BOMBARDEAR
En
septiembre del 2014, una coalición internacional liderada por EEUU, con Jordania, Baréin, Catar, Arabia Saudí y
los Emiratos Árabes Unidos (EAU) empezó a bombardear al EI. Francia inició los ataques en septiembre del 2015 y el Reino Unido, en
diciembre.
Rusia
comenzó en septiembre atacando a “los terroristas del EI”. Pero además, ha
bombardeado a grupos rebeldes y ha conseguido que el régimen de Asad, que hace
medio año estaba al borde del colapso, haya recuperado terreno en zonas
clave como
Alepo (norte). “La intervención
rusa es
fundamental, puede cambiar el curso de la guerra a favor de Asad”, asegura
Phillip Smyth, investigador de la Universidad de Maryland.
FASE 5: EL ESCENARIO ACTUAL
El mapa
de quien controla cada zona de Siria actualmente está lleno de divisiones. El
régimen de Asad -Ejército
y milicias afines- tiene una gran parte del oeste del
país, Damasco, Latakia, Tartús, casi toda la frontera con Líbano, Alepo, otra
en el centro del país y en Deir Ezzor. Tras perder Alepo, en el norte,
tienen una zona amplia de la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía, un
área cercana a Damasco y otra en Homs.
La
franja norte, a lo largo de la frontera con Turquía y una parte de la iraquí,
está en manos de las fuerzas
kurdas, a excepción de unos tramos que controlan los rebeldes y el
EI. Los yihadistas tienen una
parte del este de Siria fronterizo con Irak, y zonas del norte, en Alepo, Al
Raqa, As Shaddadah, áreas centrales y pequeñas partes en el sur.
La caída de Alepo en manos
del régimen de Bashar Al Asad deja una orden de cosas difícilmente reversible:
aunque el final del conflicto no parece próximo, está claro que Asad ya no
va a perder la guerra. Frente a unas victoriosas tropas del régimen, el bando
rebelde, desmoralizado, se bate en retirada. La batalla por esta ciudad, que ha
terminado cuando la guerra entra en su sexto año, consolida al
presidente sirio y a sus dos grandes aliados, Rusia e Irán, como
los grandes ganadores del conflicto. Y a los
rebeldes, Turquía, Arabia Saudí y EEUU, como los
perdedores.
Fuente: Ana Alba, Jerusalén, El Periódico
Internacional.

